Emociones

01.05.2017

Emoción versus razón

La emoción ha sido considerada durante muchos años un espacio vivencial reservado a artistas, al que la ciencia no debía acceder. 

Ya para Platón y Descartes las emociones eran secuelas peligrosas de nuestro pasado animal, responsables de nuestras conductas irracionales. Incluso cuando el romanticismo puso la emoción en el epicentro de su movimiento lo hizo manteniendo su esencia irracional, intuitiva y misteriosa. 

En nuestra reciente tradición cultural ha imperado la valoración de habilidades cognitivas en áreas como el lenguaje, el razonamiento lógico, la observación, la reflexión o la capacidad crítica, subestimando el componente emocional.

Pero en los últimos años esta tendencia ha ido cambiando gracias a numerosos estudios interdisciplinares (neurólogos, psicólogos, fisiólogos y otras neuro-especialidades) que han puesto de manifiesto la importancia de las emociones para la toma de decisiones y su función adaptativa, que promueve nuestra acomodación al entorno.

Las investigaciones no dejan lugar a dudas: cognición y emoción no pueden ser separadas neurobiológicamente ya que tanto la deliberación racional como el sentir emocional son procesos indispensables para la toma de decisiones eficaces.

Antonio Damasio, médico neurólogo de origen portugués, nos dio a conocer el caso de Phineas Gage, con el que puso sobre la mesa la relación de los centros cerebrales de la de regulación de la emoción con la "sensata" toma de decisiones.   

¿Qué son las emociones?

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que se dan en nuestro organismo como respuesta a determinadas experiencias vitales. No sería exagerado afirmar que son inherentes a nuestra condición humana y que dada su función adaptativa han sido determinantes para nuestra existencia.

Llegamos al mundo dotados de un conjunto básico de preferencias afectivas que tienen que ver con nuestra supervivencia como especie (succionar, por ejemplo) pero a partir de ahí y bajo la influencia de la experiencia, el ser humano desarrolla preferencias exclusivas que serán la base de los esquemas emocionales singulares que definirán a cada individuo.

Las emociones (simples o complejas) que se activan ante las diferentes experiencias vividas nos indican el valor que las cosas tienen para nosotros y añaden un significado sentido a nuestras vidas. 

Prácticamente todas nuestras acciones están promovidas por una emoción: quedamos con nuestros amigos porque con ellos lo pasamos bien, nos divertimos, acariciamos a nuestra pareja porque sentimos amor, sonreímos a nuestros hijos porque mirarlos nos provoca alegría, (...) seguro que se os ocurren infinidad de conductas o pensamientos diarios motivados por la influencia de una emoción.

No obstante, cabría destacar que, aunque la emoción nos permite organizarnos para la acción y para la construcción de estructuras adaptativas nuevas, también las emociones están implicadas en el colapso de viejas estructuras desadaptativas, con lo que a veces resultará necesario su reprocesamiento para que puedan cumplir su objetivo de adaptación y promover el máximo bienestar del individuo. 

¿Debemos confiar siempre en nuestras emociones?

Si las emociones son consecuencia de un sistema adaptativo que nos permiten acomodarnos a nuestro entorno parece que deberíamos confiar siempre en nuestros sentimientos y emociones. La respuesta para mí más acertada a esta cuestión sería: Depende. 

¿Permitir que guíen todas nuestras acciones? No. ¿Confiar en nuestras emociones como fuente de información que nos permite tomar decisiones y estructurar nuestra conducta y experiencias? Sin lugar a dudas. 

Las emociones representan un tipo especial de sabiduría o inteligencia de la que debemos tomar conciencia y aprender a manejar. Objetivo que implica la autoconciencia, el "darse cuenta", el reconocimiento de las emociones a medida que emergen, siendo capaces de orientarlas hacia nuestros objetivos.  

La tendencia cultural que ha imperado durante muchas décadas de no ser receptivos a nuestras emociones y sentimientos constituye un sesgo de la controladora mentalidad occidental. En su lugar deberíamos intentar vivir en armonía con nuestras emociones, sin ansia por controlarlas pero sin ser gobernados descontroladamente por estas sino desde su integración con la voluntad, el intelecto y el deseo para garantizar una respuesta holística y integrada del sí mismo.

Como dirían Greenberg y Pavio (2000) "sentir es el proceso de ser".  

Nuestro óptimo desarrollo implica integrar nuestras mentes y nuestros corazones sin estar dominados por las emociones pero sin perder el contacto con ellas. 

Las emociones no son opuestas a la razón sino que guían y dirigen nuestro pensamiento a la vez que compensan sus deficiencias.

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Greenberg i Pavio (2000). Trabajar con las emociones en psicoterapia. Barcelona: Paidós.